viernes, octubre 19, 2007

MI CHIAMO LUNA… A CHI LO ASSOMIGLIO?



Desde luego que lo pareces, Luna.

También podrías llamarte Sol, o Estrella, o Mar, o Viento, o Brisa.

Y si nos atreviéramos a sostener esa poderosa mirada tuya, y no sucumbiésemos ante tan tremenda energía, podríamos muy bien llamarte Universo.
Ma che dici tu?

Digo que en tus ojos, hermosa doncella, se adivina la fuerza de un pequeño ser dispuesto a comerse el mundo

martes, octubre 16, 2007

EL ARTE, INSOMNE, SALE A LA CALLE



A veces nos da la sensación de que la noche es un tiempo despilfarrado.

¡Y la noche se queda en blanco porque el hombre necesita reponer fuerzas…! ¡Qué sistema tan conservador…!

Pero un día de glorioso insomnio, alguien sale a las calles de Roma por sentir esa ciudad eterna libre de ruidos, bullicio o ciudadanos obedientes; y allí se encuentra, en el rincón de una glorieta desprevenida, una magnífica exposición de arte abierta hasta el amanecer.

La ilumina la luna.

Los insomnes, sin prisas, contemplan ese otro mundo que ha eludido sagazmente tanta norma. Los insomnes se alegran porque en este espacio sin sueño no hay fronteras. Y menos mal, porque a los insomnes se les ha caducado el pasaporte ya ha tiempo. Pero por suerte, ellos tienen otro salvoconducto: el de los amaneceres. Y ese, ese…no tiene fecha de caducidad.

miércoles, octubre 03, 2007

PATRICIA Y LOS HETERODOXOS



Abuelita ¿la abuela Pepita es vieja? Claro, muy vieja, es tu bisabuela. ¿Y a veces está triste? A veces. Pues yo le he dicho que no esté triste por la Virgen de la iglesia. ¿Te ha llevado allí? Si, a ver a la que está dormida. Patricia, se llama la Virgen de la Asunción. Ah…
Ambas han hecho una pausa; seguramente para que, a través de ese silencio, pase un ángel.
Pero mira, yo le he dicho a la abuela Pepita que no se ponga triste, porque esta noche vendrá el príncipe azul montado en su caballo blanco, le dará un besito de amor y la rezusi…rezruci… resuscitaraá, ¡ay!. Después serán muy, muuuuy felices…

La abuela levanta los ojos de la costura y parpadea…

En los despachos del Cielo, después de la discusión con los Evangelistas, San Pablo descansa sentado en su poltrona celestial. Reflexiona. ¡Jodida muchacha! Piensa que San Juan anda inquieto. Teme por los cimientos del Nuevo Testamento. Y el de Tarso, al pensarlo, ha sentido un profundo estertor proveniente de todos los mausoleos papales de la tierra… Aunque a decir verdad ─piensa San Pablo para sus adentros─ el problema, realmente, no radica en la extorsión del dogma, en eso San Marcos ha puesto el dedo en la santa llaga. El problema está en que el final de Patricia, es mucho mejor que el nuestro…