
Abuelita ¿la abuela Pepita es vieja? Claro, muy vieja, es tu bisabuela. ¿Y a veces está triste? A veces. Pues yo le he dicho que no esté triste por la Virgen de la iglesia. ¿Te ha llevado allí? Si, a ver a la que está dormida. Patricia, se llama la Virgen de la Asunción. Ah…
Ambas han hecho una pausa; seguramente para que, a través de ese silencio, pase un ángel.
Pero mira, yo le he dicho a la abuela Pepita que no se ponga triste, porque esta noche vendrá el príncipe azul montado en su caballo blanco, le dará un besito de amor y la rezusi…rezruci… resuscitaraá, ¡ay!. Después serán muy, muuuuy felices…
La abuela levanta los ojos de la costura y parpadea…
En los despachos del Cielo, después de la discusión con los Evangelistas, San Pablo descansa sentado en su poltrona celestial. Reflexiona. ¡Jodida muchacha! Piensa que San Juan anda inquieto. Teme por los cimientos del Nuevo Testamento. Y el de Tarso, al pensarlo, ha sentido un profundo estertor proveniente de todos los mausoleos papales de la tierra… Aunque a decir verdad ─piensa San Pablo para sus adentros─ el problema, realmente, no radica en la extorsión del dogma, en eso San Marcos ha puesto el dedo en la santa llaga. El problema está en que el final de Patricia, es mucho mejor que el nuestro…