MIMOS

Ella se ha movido… ¡eh, eh! soy la niña… estoy aquí… ¿habéis salido de atrás?... se ha movido, la he visto… ¡te-he-vis-to!... sé que estás vi-va…
Una brisa cálida mueve las hojas de los árboles y las túnicas de los dos mimos. La voz de la niña suena apenas como un canturreo. O un susurro.
¿Quién os ha dado las ropas?… él-no-se-mu-e-ve…y tiene la cara negra… estará muerto, él-es-tá-mu-er-to… pero ella no… porque tiene las manos vivas… las ropas se las habrá prestado la luna porque son de ese color… ¿tenéis hambre?... no-con-tes-taaaan…
─ ¡ Cristinaaa!
Una bicicleta, dos mujeres con bolsas en la mano, la misma brisa cálida que mueve las hojas de los árboles…los mimos…nada más…
Me voy…luego os traigo dos galletas… ¡¡no-os-mar-ché-is!!... tampoco con la lu-na lle-na…
Cristina volvió después del colegio, al atardecer, con sus dos galletas, sí, pero los mimos ya no estaban allí. En su lugar, sólo una rosa blanca…



