Pather Panchali ( La canción del camino)
La trilogía de Apu I - Pather Panchali (La canción del camino)
Dirige: Satyajit Ray, 1955
Música: Raví Shankar

"No haber visto el cine de Ray es como existir en el
mundo sin haber visto el sol o la luna"
AKIRA KUROSAWA
Es el momento de hablar de una de las obras más hermosas del cine de todos los tiempos. Una de esas historias que dejan huella imperecedera en el sendero de quien la ve, y que irremediablemente pasa al acervo cultural que forman las experiencias profundas de aquel que la conoció.
No fue, por cierto, una película que yo viera en mi juventud, a pesar de que se rodó en 1955. Durante los años de posguerra, los acontecimientos culturales no solían venir de tan lejos - la India - y menos siendo un país pobre y, por ende, de escasos medios para llevar a cabo una mediana promoción. La India nos quedaba entonces tan a desmano como las Indias del siglo XV a Cristóbal Colón, así que tardé mucho en conocer la "Trilogía de Apu", subtitulada y en un rotundo y poético blanco y negro. Para entonces, habían pasado ya por mi muy personal pantalla -"montada" en una recoleta e imaginaria buhardilla adecuada para guarecerse cuando en el mundo de afuera jarreara - habían pasado ya, digo, películas tales como "Solo ante el peligro", "La diligencia", "Marcado por el odio" con un Paul Newman apuntando qué maneras..., "Casablanca", "El tesoro de Sierra Madre", ¡"La reina de África"!, todas estas últimas con un Bogart fumador y bebedor a lo macho y templando la muleta con las mujeres como mandan los cánones. El humo de sus incontables cigarrillos le daba un halo mágico que suplía con creces su falta de estatura. ¡Ay, Bogart!...que nos dejó aquella frase que aún planea sobre todos los cineastas que la escuchamos sobrecogidos al finalizar "El halcón maltés" ¿la recuerdan?. Era a propósito de la figurilla por la que tantas personas habían muerto. El sagaz traficante pregunta a Bogart de qué material estaban hechos aquellos antiquísimos y codiciados objetos: "Del mismo material de que están hechos los sueños..." responde Bogart entornando los ojos y desapareciendo en un fundido final.
Pues bien, hablemos de Apu, que no es otra cosa que la historia llana y simple de una familia humilde que vive en una comunidad campesina durante el primer tercio del S.XX. La madre, una mujer callada y triste; el padre, viajero e iluso que se gana la vida por esos mundos vendiendo plegarias, y pasan meses sin que aparezca por el sendero del bosque y los carrizales con su maletín y su paraguas. La vieja abuela, tan parecida a un sarmiento seco, soportadora del malhumor de una madre agotada, y Durga, la niña, que siente adoración por esa pobre vieja convertida en un trágico estorbo. Y así nacerá Apu. Esta es una vida pequeña, agobiante, aunque ubicada en un mundo tan grande y hermoso... Pero los avatares de esa vida aparentemente insignificante encierran tantas tristezas profundas...
Apu vivirá su infancia y adolescencia consumiendo por sus grandes ojos todo el dolor humano, hasta desembocar - último episodio - en la historia de amor más bella, triste, delicada y esperanzadora que jamás yo haya visto. Búsquenla, y a ser posible, véanla en pantalla grande, al amparo de esa penumbra que se crea en el patio de butacas, lugar tan propicio para tejer sueños...
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Dirige: Satyajit Ray, 1955
Música: Raví Shankar

"No haber visto el cine de Ray es como existir en el
mundo sin haber visto el sol o la luna"
AKIRA KUROSAWA
Es el momento de hablar de una de las obras más hermosas del cine de todos los tiempos. Una de esas historias que dejan huella imperecedera en el sendero de quien la ve, y que irremediablemente pasa al acervo cultural que forman las experiencias profundas de aquel que la conoció.
No fue, por cierto, una película que yo viera en mi juventud, a pesar de que se rodó en 1955. Durante los años de posguerra, los acontecimientos culturales no solían venir de tan lejos - la India - y menos siendo un país pobre y, por ende, de escasos medios para llevar a cabo una mediana promoción. La India nos quedaba entonces tan a desmano como las Indias del siglo XV a Cristóbal Colón, así que tardé mucho en conocer la "Trilogía de Apu", subtitulada y en un rotundo y poético blanco y negro. Para entonces, habían pasado ya por mi muy personal pantalla -"montada" en una recoleta e imaginaria buhardilla adecuada para guarecerse cuando en el mundo de afuera jarreara - habían pasado ya, digo, películas tales como "Solo ante el peligro", "La diligencia", "Marcado por el odio" con un Paul Newman apuntando qué maneras..., "Casablanca", "El tesoro de Sierra Madre", ¡"La reina de África"!, todas estas últimas con un Bogart fumador y bebedor a lo macho y templando la muleta con las mujeres como mandan los cánones. El humo de sus incontables cigarrillos le daba un halo mágico que suplía con creces su falta de estatura. ¡Ay, Bogart!...que nos dejó aquella frase que aún planea sobre todos los cineastas que la escuchamos sobrecogidos al finalizar "El halcón maltés" ¿la recuerdan?. Era a propósito de la figurilla por la que tantas personas habían muerto. El sagaz traficante pregunta a Bogart de qué material estaban hechos aquellos antiquísimos y codiciados objetos: "Del mismo material de que están hechos los sueños..." responde Bogart entornando los ojos y desapareciendo en un fundido final.
Pues bien, hablemos de Apu, que no es otra cosa que la historia llana y simple de una familia humilde que vive en una comunidad campesina durante el primer tercio del S.XX. La madre, una mujer callada y triste; el padre, viajero e iluso que se gana la vida por esos mundos vendiendo plegarias, y pasan meses sin que aparezca por el sendero del bosque y los carrizales con su maletín y su paraguas. La vieja abuela, tan parecida a un sarmiento seco, soportadora del malhumor de una madre agotada, y Durga, la niña, que siente adoración por esa pobre vieja convertida en un trágico estorbo. Y así nacerá Apu. Esta es una vida pequeña, agobiante, aunque ubicada en un mundo tan grande y hermoso... Pero los avatares de esa vida aparentemente insignificante encierran tantas tristezas profundas...
Apu vivirá su infancia y adolescencia consumiendo por sus grandes ojos todo el dolor humano, hasta desembocar - último episodio - en la historia de amor más bella, triste, delicada y esperanzadora que jamás yo haya visto. Búsquenla, y a ser posible, véanla en pantalla grande, al amparo de esa penumbra que se crea en el patio de butacas, lugar tan propicio para tejer sueños...
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