Cine japonés
RASHOMON, Akira Kurosawa, 1953, Japón
RASHOMON

EN SITUACIÓN
Vimos por primera vez "Rashomon", del gran director japonés Akira Kurosawa, durante unas frias vacaciones navideñas; nosotros, los de posguerra, los del blanco y negro, andábamos entonces recién ingresados en la universidad, y por ello nuestra extrema juventud recibía con gozo aquel momento socio-cultural que ya se abría hacia una intelectualidad más europea, incluso más mundial. Así que en cuanto esta magnífica película, que venía precedida de gran calado cinematográfico y gran fama, se nos puso a tiro, nos fuimos a verla en una de sus tempranas sesiones, temprana porque así la tarde nos daba cancha para acometer "un urgente debate".
Solíamos pasear por nuestra ciudad sorteando puentes, y así cumplimentábamos un itinerario que, por lo usual, nos resultaba cómodo; y porque para cafés y copas no nos daba la paga semanal. Téngase en cuenta que aún coleaba la posguerra y todavía estaba la cosa bastante chunga.
Aquella tarde caminábamos Vicete, Paco y yo. Eran dos de mis amigos habituales e implicados en el mismo mundo, así que nos resultaba fácil el dialogar, ya que usábamos casi las misms claves, es decir, los mismos libros, las mismas películas, las mismas ilusiones... ya saben. Vicente empezó comentando el argumento: un crimen horrible descrito por cuatro personas implicadas, y las cuatro versiones eran diferentes. Y ahí comenzó, con nuestras encendidas opiniones, el fuego cruzado.
El ladrón, violador, fanfarrón y supuesto asesino, describe el hecho coronándose de gloria por haber dado muerte a un avezado caballero; el marido - que testifica a través de una medium, puesto que está muerto - incrimina a la mujer porque percibió que "gozaba con la violación"; la mujer, que intuye por la tremenda mirada del marido que ha sido rechazada injustamente, trata de marcharse con el bandido para no tener que enfrentarse a las férreas leyes del honor...
- ¿Pero quien mató al caballero?
El propio caballero dijo que se suicidó; el bandido, que él le atravesó con la espada en un combate homérico; la mujer , que ella acuchilló al marido y luego se quiso ahogar en un río; y el labrador que encontró el cadaver, no vio nada. Y esta narración que empezó en la gran puerta Rashomon siendo comentada por unos hombres que se habían guarecido allí de una tremenda tempestad, acaba con la acogida de un bebé abandonado, acto caritativo que les reconcilia con el género humano.
Todo esto tan breve y tal vez confusamente contado por mí, nos llevó varias vueltas a los puentes, algunos acuerdos y desacuerdos, un gran dolor de pies y frío en las manos. Al fin Paco, el que estudiaba letras y pensaba hacerse vagabundo diplomado, sacó de su bolsón sapiencial una máxima de Lao-tse que medio nos reconcilió a los tres. Decía "Ninguna respuesta simple a las verdades más profundas será la verdadera, porque la verdadera debe ser hallada en la variedad de la naturaleza y la experiencia humana". Amén, dijimos todos y nos fuimos a cenar
Espero que las imágenes les den más luz o, mucho mejor, vean la película y luego propicien un encendido debate sobre la condición humana. Ustedes, hoy, pueden acompañarse con una buena copa.
Para ver cada foto en su tamaño real, hagan clic en ella.
RASHOMON

EN SITUACIÓN
Vimos por primera vez "Rashomon", del gran director japonés Akira Kurosawa, durante unas frias vacaciones navideñas; nosotros, los de posguerra, los del blanco y negro, andábamos entonces recién ingresados en la universidad, y por ello nuestra extrema juventud recibía con gozo aquel momento socio-cultural que ya se abría hacia una intelectualidad más europea, incluso más mundial. Así que en cuanto esta magnífica película, que venía precedida de gran calado cinematográfico y gran fama, se nos puso a tiro, nos fuimos a verla en una de sus tempranas sesiones, temprana porque así la tarde nos daba cancha para acometer "un urgente debate".
Solíamos pasear por nuestra ciudad sorteando puentes, y así cumplimentábamos un itinerario que, por lo usual, nos resultaba cómodo; y porque para cafés y copas no nos daba la paga semanal. Téngase en cuenta que aún coleaba la posguerra y todavía estaba la cosa bastante chunga.
Aquella tarde caminábamos Vicete, Paco y yo. Eran dos de mis amigos habituales e implicados en el mismo mundo, así que nos resultaba fácil el dialogar, ya que usábamos casi las misms claves, es decir, los mismos libros, las mismas películas, las mismas ilusiones... ya saben. Vicente empezó comentando el argumento: un crimen horrible descrito por cuatro personas implicadas, y las cuatro versiones eran diferentes. Y ahí comenzó, con nuestras encendidas opiniones, el fuego cruzado.
El ladrón, violador, fanfarrón y supuesto asesino, describe el hecho coronándose de gloria por haber dado muerte a un avezado caballero; el marido - que testifica a través de una medium, puesto que está muerto - incrimina a la mujer porque percibió que "gozaba con la violación"; la mujer, que intuye por la tremenda mirada del marido que ha sido rechazada injustamente, trata de marcharse con el bandido para no tener que enfrentarse a las férreas leyes del honor...
- ¿Pero quien mató al caballero?
El propio caballero dijo que se suicidó; el bandido, que él le atravesó con la espada en un combate homérico; la mujer , que ella acuchilló al marido y luego se quiso ahogar en un río; y el labrador que encontró el cadaver, no vio nada. Y esta narración que empezó en la gran puerta Rashomon siendo comentada por unos hombres que se habían guarecido allí de una tremenda tempestad, acaba con la acogida de un bebé abandonado, acto caritativo que les reconcilia con el género humano.
Todo esto tan breve y tal vez confusamente contado por mí, nos llevó varias vueltas a los puentes, algunos acuerdos y desacuerdos, un gran dolor de pies y frío en las manos. Al fin Paco, el que estudiaba letras y pensaba hacerse vagabundo diplomado, sacó de su bolsón sapiencial una máxima de Lao-tse que medio nos reconcilió a los tres. Decía "Ninguna respuesta simple a las verdades más profundas será la verdadera, porque la verdadera debe ser hallada en la variedad de la naturaleza y la experiencia humana". Amén, dijimos todos y nos fuimos a cenar
Espero que las imágenes les den más luz o, mucho mejor, vean la película y luego propicien un encendido debate sobre la condición humana. Ustedes, hoy, pueden acompañarse con una buena copa.
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1 Comments:
En mi opinión, Kurosawa es cercano
a Mishima y Mizoguchi a Kawabata, mientras Yasujiro Ozu, representa
un "tertium genus" entre ambos.
Su blog, como las películas en él reseñadas, sencillamente excelente.
¡Gracias!
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