Viajar en el tiempo: ¿no lo hacemos todos, todos los días?
Viajar en el tiempo: ¿no lo hacemos todos, todos los días?
Uno de los temas recurrentes de la ciencia ficción es el viaje en el tiempo.
Una de las ventajas que tiene el género es la de que puede romper con verdades absolutas y desarrollar las consecuencias de hacerlo para tratar de contar algo.
Por ejemplo: el famoso relato "el viajero del tiempo" de HG Wells (en 1895) es usado para, adornado con las aventuras con los Morlock y los Iloi, revelar el futuro aciago que Wells pronosticaba en un mundo convulso por las guerras. La I y la II guerra mundial, incluyendo las masacres atómicas en Hiroshima y Nagasaki, se encargaron de cumplir parte de sus presagios.
Otro viaje en el tiempo curisoso, el del protagonista del "un yankee en la corte del rey Arturo" de Mark Twain, también sive como pretexto para pegar un vistazo a la propia sociedad desde los ojos de otros haciendo que el observado -en este caso la inglaterra medieval- sea el observador de la época moderna.
Estos casos, bastante clásicos, son retomados por la ciencia ficción actual con mayor o menor gracia para hacer cosas parecidas.
No sabría elegir pero el primero que me viene a la mente es "doce monos", película dirigida por Terry Gilliam, sobre la peripecia de un hombre del futuro, sumido en una sociedad esclavizada y subterranea a la fuerza porque la tierra ha sido asolada por una plaga gigantesca que ha matado a la mayoría de la población, al que obligan a volver atrás en el tiempo para intentar descubrir el origen de la plaga y detener su propagación. El problema reside en que el propio viaje en el tiempo enloquece a las personas y las vuelve poco menos que inútiles....
Pero, sin duda, con quien más me he divertido viajando en el tiempo, ha sido con Connie Willies y sus libros o relatos "El día del juicio final", "por no mencionar al perro", "los sueños de Lincoln" y "Servicio de vigilancia".
Casi todos ellos parten del mismo escenario: en un futuro no muy lejano, es posible viajar atrás en el tiempo pero ello está limitado a investigadores y científicos que tratarán de no interferir con el curso de las cosas.
En "el día del juicio final" una investigadora queda aislada en plena europa medieval estudiando la plaga de la peste bubónica, comunicándose con los investigadores actuales apenas con mensajes enterrados en el tiempo.
Y en "por no mencionar al perro", de una manera ciertamente humorística, se cuenta la historia de los investigadores que están reconstruyecndo la catedral de Coventry -destruida durante la II guerra mundial- por encargo de uno de los patronos del intituto temporal para el que trabajan.... detrás de un elemento que describen los libros y del que no queda ni rastro llamado "el tocon del pájaro del Obispo".
Con esa línea argumental, no es extraño que las situaciones cómicas abunden y los dolores de cabeza de los investigadores por no cambiar la realidad del pasado les lleven a las mayores extravagancias.
Uno de los temas recurrentes de la ciencia ficción es el viaje en el tiempo.
Una de las ventajas que tiene el género es la de que puede romper con verdades absolutas y desarrollar las consecuencias de hacerlo para tratar de contar algo.
Por ejemplo: el famoso relato "el viajero del tiempo" de HG Wells (en 1895) es usado para, adornado con las aventuras con los Morlock y los Iloi, revelar el futuro aciago que Wells pronosticaba en un mundo convulso por las guerras. La I y la II guerra mundial, incluyendo las masacres atómicas en Hiroshima y Nagasaki, se encargaron de cumplir parte de sus presagios.
Otro viaje en el tiempo curisoso, el del protagonista del "un yankee en la corte del rey Arturo" de Mark Twain, también sive como pretexto para pegar un vistazo a la propia sociedad desde los ojos de otros haciendo que el observado -en este caso la inglaterra medieval- sea el observador de la época moderna.
Estos casos, bastante clásicos, son retomados por la ciencia ficción actual con mayor o menor gracia para hacer cosas parecidas.
No sabría elegir pero el primero que me viene a la mente es "doce monos", película dirigida por Terry Gilliam, sobre la peripecia de un hombre del futuro, sumido en una sociedad esclavizada y subterranea a la fuerza porque la tierra ha sido asolada por una plaga gigantesca que ha matado a la mayoría de la población, al que obligan a volver atrás en el tiempo para intentar descubrir el origen de la plaga y detener su propagación. El problema reside en que el propio viaje en el tiempo enloquece a las personas y las vuelve poco menos que inútiles....
Pero, sin duda, con quien más me he divertido viajando en el tiempo, ha sido con Connie Willies y sus libros o relatos "El día del juicio final", "por no mencionar al perro", "los sueños de Lincoln" y "Servicio de vigilancia".
Casi todos ellos parten del mismo escenario: en un futuro no muy lejano, es posible viajar atrás en el tiempo pero ello está limitado a investigadores y científicos que tratarán de no interferir con el curso de las cosas.
En "el día del juicio final" una investigadora queda aislada en plena europa medieval estudiando la plaga de la peste bubónica, comunicándose con los investigadores actuales apenas con mensajes enterrados en el tiempo.
Y en "por no mencionar al perro", de una manera ciertamente humorística, se cuenta la historia de los investigadores que están reconstruyecndo la catedral de Coventry -destruida durante la II guerra mundial- por encargo de uno de los patronos del intituto temporal para el que trabajan.... detrás de un elemento que describen los libros y del que no queda ni rastro llamado "el tocon del pájaro del Obispo".
Con esa línea argumental, no es extraño que las situaciones cómicas abunden y los dolores de cabeza de los investigadores por no cambiar la realidad del pasado les lleven a las mayores extravagancias.

