jueves 16 de agosto de 2007

Los caballos y los niños

Desde el primer día los caballos de la granja fueron la fascinación de los niños (ver Fotos de Caballos de N. C.).

Desafortunadamente los caballos de Brett y Jonh no estaban preparados para que los niños los montaran. Estaban mucho tiempo sueltos en el campo y se les veía ejemplares con mucho carácter, por lo que no eran apropiados para niños que antes apenas habían montado a caballo esporádicamente.

Sin embargo, la presencia de los caballos en la granja y la comunicación existente entre la casa, los establos y el cercano prado donde pastaban fue adquiriendo importancia. Hasta que llegó el día que fue una necesidad ir a buscar un sitio cercano para que los chicos pudieran satisfacer su deseo de montar a caballo.

Montar a caballo en la campiña inglesa

El sitio elegido, por recomendación de Brett y Jonh, fue la Franks Farm y su Trekking Centre, situadas en el pueblo de Wellow, en el cercano condado de Somerset. Pese a que la granja tenía una gran provisión de caballos de todo tipo, los establos más cercanos eran una buena muestra de la docilidad y buen carácter de los caballos existentes, incluso los más grandes. El gran número de niños que esperaban era el mejor indicio de que habíamos dado con el sitio idóneo.

Joaquín y David montaron sendos ejemplares respetables en tamaño, pero dóciles. Al cabo de unos minutos un grupo de unos diez jinetes, incluidos cuatro monitores del personal del Centro fueron a das un largo paseo por el pueblo y los alrededores, disfrutando de paisajes de difícil acceso en vehículo.

Mientras mi mujer y yo fuimos a dar un delicioso paseo por Wellow. Era un día magnífico con un sol radiante; algunas de las gentes del pueblo se despojaban de la ropa para tomar el sol en los bancos de los jardines situados a la entrada.

Inteligentemente, el pueblo de Wellow habia recurrido a los caballos y a las bicicletas (su colegio impulsaba una red de enlaces de escuelas en el Reino Unido para fomentar en senderismo y el ciclismo) para disfrutar del paisaje rural. Sin duda, una encomiable idea.

Pensé que pese a los avances tecnológicos de dispositivos para niños como la Play Station, la Game Boy y cosas similares, montar a caballo, sigue siendo una experiencia única. A la vuelta, la cara de nuestros niños, asi lo reflejaba.

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sábado 11 de agosto de 2007

A la búsqueda de zorros, ciervos, conejos, buhos, tejones y erizos...

Brett y John y su hijo Ben nos advirtieron que además de los animales domésticos era muy frecuente al anochecer y entrada la noche que la granja recibiera la visita de zorros, ciervos, conejos, buhos, tejones, erizos, etc.

Cada noche, armados de una linterna y con todo el silencio que éramos capaces de guardar, intentamos descubrir alguno de los visitantes nocturnos... Establecimos un turno de vigilancia activo entre los miembros de la familia, e intentamos identificar cualquier signo de perturbación en la granja. Un reliche de un caballo, un aviso de cacareo nervioso de las gallinas o un ladrido de los perros pastores. Lo malo de estos últimos es que Ruby y Kate parecían encantados con los visitantes externos y su sueño nocturno no era perturbado ni por los zorros. Jasper, el perro más pequeño, quizás estaría viendo la TV cómodamente en la casa de los granjeros.

Los animales no domésticos en libertad

La gran cantidad de vehículos que pasan por las carreteras locales de las áreas rurales se convierte en un arma letal severísima para los animales que viven libremente en la zona. Es impresionante y triste ver la cantidad de animales muertos en las cunetas de estas carreteras. Vimos ciervos, tejones, zorros, multitud de conejos y erizos, y otros muchos animales. Para nosotros fue una forma triste de confirmar su inequívoca presencia por aquellas tierras, y animarnos a proseguir su búsqueda.

En un hermoso anochecer y por uno de los caminos de la granja mi mujer tuvo la suerte de avistar nuestro primer animal: un hermoso ciervo que cruzaba lenta y sigilosamente, como deseando no llamar la atención. Nos miramos con regocijo pero sin poder exclamar la emoción que nos produjo esta primera visita para no espantarlo y poder observarlo mejor. Los ciervos en libertad y en su entorno natural son de los animales más bellos y majestuosos, parecen como una continuación del paisaje. Fue una visión efímera pero muy estimulante para toda la familia, pese a que con la excepción de mi mujer, para el resto fue un visto y no visto.

Nuestro segundo animal fue un hermoso faisán, que también nos visitó en otro anochecer mientras cruzaba uno de los prados cercanos a la casa. Esa misma tarde habíamos visto una convencción de cuervos en el mismo sitio. Más de un centenar de estos pajarracos concurrieron asambleariamente con su plumaje negro y su aspecto inquisitorio. La verdad que su presencia era pertubadora y evocadora de escenas de Alfred Hitchcock. Desaparecieron y la presencia del faisán vino a dar un aspecto más tranquilizador al prado.

En la finca había multitud de especies de pájaros, sólo habia que mirar a los prados, a los árboles o al cielo. El cielo inglés, incluso con nubes, es muy bello durante los veranos. Los días de buen tiempo salen globos de la cercana ciudad de Bath, añadiéndo al paisaje un elemento más de singularidad y belleza.

Aunque lo seguimos intentando noche tras noche, lo cierto es que no vimos más animales. Sin embargo, nuestra persistencia sería compensada una de las noches con otra sorpresa inesperada. Y es que cada noche, aparte de las linternas, llevámos un poco de leche y migas de pan para los erizos -que tuvimos la suerte de descubrir en otra granja dos años antes- y fue entonces, cuando mirando al cielo...

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