jueves 13 de diciembre de 2007

Cómo talar un árbol

Cuando hablamos de las tormentas de nieve, señalábamos que era importante talar árboles secos que corrieran el riego de caerse. Talar, cortar un árbol seco con una sierra eléctrica es sencillo pero hay que hacerlo correctamente para no correr riesgos.

En todo caso asegúrese de tomar todas las precauciones. Por ejemplo que no hay personas o cosas de valor al alcance del árbol y que domina el manejo de la motosierra. Para ello lea atentamente las instrucciones del modelo que compra o hágalo bajo la supervisión de un experto.

Recuerde por ejemplo que es importante coger la motosierra con las dos manos. No utilizar la parte delantera para "atacar" la madera; no fumar mientras la usa; alejar a niños y personas no equipadas; También es imprecindible ir bien equipado: casco, protector acústico, guantes, botas, ropas... Ver folleto de precauciones en el uso de la motosierra de Leroy Merlin.

Talar un árbol

Paso 1. Se sierra la parte baja del tronco en el lado de la dirección de la caida que se desea. Evalué bien el impacto del lado en el que va caer (daños a otros árboles o cosas). La profundidad del corte debe ser de 1/4 del diámetro del tronco.
Paso 2: Hacer un corte hacia abajo respetando un ángulo de 45º con respecto a la horizontal del tronco y que se encuentre con la anterior
Paso 3. En el lado opuesto hacer una tala de 2 cm por encima del punto de corte.


Vídeo talar - cortar un árbol


En el siguiente vídeo se hace una demostración práctica muy útil visualmente (aunque el vídeo está en inglés). Es imprecindible seguir las recomendaciones del tipo que hace Lerroy Merlin en su folleto-pdf.


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entrada de Euroresidentes @ 14:57   1 comentarios

domingo 9 de diciembre de 2007

Amoríos del campo

Si se trata de costumbres hoy la mayoría de las zonas rurales ya están tan al día o más que las ciudades. Pero una de las cosas que más divierte a mis hijos adolescentes es oír contar a su abuela cómo su bisabuela -y a la sazón madre la susodicha abuela-, gestionaba los amoríos y noviazgos de sus hijas. Esto tenía lugar hace poco más de 50 años en el campo y en muchas zonas rurales de España.

Amoríos en el campo

"Entre las sillas que pase el gato". Sí esa era una frase que resume muy bien la forma en la que los novios debían "galantear" a sus novias y el limitadísimo contacto que podían tener antes de pasar por el sagrado sacramento del matrimonio establecido por la Santa Madre Iglesia.

Y es que incluso mediando compromisos formales de "ser novios", la novia se sentaban con su pretendiente en dos sillas puestas a tal efecto los patios de las casas y allí eran vigiladas cada instante por la madre. Jamás la pareja de novios podía estar "a solas". Y si las sillas se movían intentando arrimarse más de lo establecido, enseguida la madre gritaba: "Entre las sillas que pase el gato".

Llevarse a la novia

Pese a las limitaciones de estos contactos, la fuerza de la naturaleza siempre se acababa abriendo paso. Y si a una pareja de enamorados se le interponían padres, familias, cuestiones económicas (no tener dinero para casarse o celebrar una boda) una costumbre muy arraigada en el campo era "llevarse a la novia". Esto es una especie de "secuestro" de la novia por parte del novio pero con el consentimiento de ella.

La pareja se fugaba, la novia de iba de su casa sin avisar a la familia y sin que ésta pudiera hacer nada. Tras llevarse a la novia, el novio estaba comprometido a casarse con ella. No había otra opción.

Amores para toda la vida

Eran amores para toda la vida. En aquella España había pocos divorcios y separaciones. Y eso abundaban los matrimonios muy jóvenes, aparte que la limitadísima relación del noviazgo, apenas permitía concerse más allá de unos escasos encuentros y no menos limitadas conversaciones. Todas las chicas "decentes" llegaban vírgenes al matrimonio y la virginidad era un valor imprescindible en este tipo de sociedad.

Concebir hijos, hacer mil tareas de la casa, asegurando que cada día la comidas no faltaran de la mesa. Ayudar a las tareas del campo. Tener los hijos en casa, a veces con partos asistidos por mujeres de la familia, incluso sin comadrona. Una vida que a los 35 años ya había recorrido largos caminos que muchas mujeres inician hoy a dicha edad.

Penas y amoríos

Las duras tareas del campo, la falta de recursos, las carencias de los malos años, lo difícil de criar a los hijos, etc. Todo esto mezclaba una vida llena de amoríos y penas. El amor definía algo de pena y dolor. De lo contrario casi no era amor verdadero. Esto se reflejaba en las letras de las canciones que las mujeres cantaban:

"Mira para arriba y verás cuatro luceros juntos y en medio de ellos verás a mi corazón difunto que lo llevan a enterrar por culpa de tus disgustos"

"Dicen que el agua corriente quita las penas y da alegría yo me arrimaría a una fuente por ver si la pena mía se las lleva la corriente"

"A un pozo me fui a tirar y el agua subió para arriba y me senté en el brocal a contarle mis fatigas y el agua rompió a llorar"

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martes 4 de diciembre de 2007

Madrugar

Madrugar, levantarse temprano es una costumbre de las áreas rurales, un placer perdido en las áreas urbanas, donde muchos practican el culto a la noche y viven de espaldas a la mañana.

Madrugar en las áreas rurales

En las áreas rurales madrugar es consustancial a la vida. Los que conservan los ritos más puros todavía trabajan de sol a sol; desde que amanece hasta que anochece. Y se vive con la luz del día.

En muchas áreas rurales de España hace escasamente 50 años no se disponía de luz eléctrica. Aprovechar la luz natural era lo más cómodo y práctico. Con esta costumbre el hombre daba continuidad a unos hábitos seguidos desde su existencia y la de sus antecesores durante miles de años y quebrada recientemente. Todavía hoy algunos que practican “ver a amanecer”, esto es, presenciar la salida del sol, confiesan que sienten como si se “cargasen de energía”.

En el campo se tiene claro que durante las primeras horas de la mañana sucede algo especial, el cuerpo humano “se nutre” de una energía especial, lo que se trabaja o se hace “luce”, esto es parece como si se hiciera mejor y más fácilmente. El que se levanta temprano, se levanta con buen pie y generalmente le siguiría la suerte durante todo el día.

El refranero español y los dichos confirman de mil formas las ventajas de madrugar.

El más conocido: “Al que madruga Dios le ayuda”. Otros menos conocidos, eran aliados de las madres para sacar a los niños y jóvenes de la cama por las mañanas:

“A la una canta el gallo
a las dos la tutuvía
a las tres el ruiseñor
a las cuatro ya es de día
a las cinco sale el sol”.

Y muchos refranes ya clásicos del refranero:

"Quien quiere prosperar, empiece a madrugar"; aunque con el sabio contrapunto de que "No por mucho madrugar, amanece mas temprano".

"Uno que madrugó, una bolsa se encontró"; también con contrario: "Más madrugaría el que la perdería" (también contrario "Eso cree el que por la noche la perdió").


Madrugar, renovar la vida

Los animales domésticos y salvajes son muy madrugadores. Los cazadores saben bien que a primeras horas de la mañana empieza una intensa actividad en la naturaleza. Tras el descanso de la noche los animales son muy activos... Hace años algunos cazadores lo recordaban con dichos como el de:

A la orilla de una pendiente dos liebres juntas de madrugada una a otra se decía:
- Si tuviéramos la suerte que al Leuterio y Juan fuentes les tocara por aquí.
- Es preciso el enterarse que con tiempo hay que largarse, porque detrás viene el Marqués y don Luís

Pájaros que cantan, depredadores que acechan... todo un espectáculo de la naturaleza que aquellos que han vuelto al ámbito rural pueden redescubrir y disfrutar. Otra ventaja para aquellos que quieren rememorar las costumbres y hábitos de la vida en el campo.

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